Es un hecho que buena parte de las decisiones económicas relevantes se toman en escenarios donde hay información disponible, pero no certeza, y en muchos casos, ni siquiera una probabilidad mayoritaria dominante. Pasa cuando cambia un gobierno y aún no sabemos si su programa económico va a sostenerse. Pasa también cuando el mercado sube con fuerza y no queda claro si estamos ante una recuperación real o ante otro entusiasmo exagerado. Y pasa, del mismo modo, cuando alguien debe apostar por un proyecto, cambiar de trabajo, invertir sus ahorros o simplemente esperar. En todos esos casos los datos importan, pero no alcanzan: el futuro nunca puede calcularse del todo. El componente de incertidumbre siempre existe. Y, sin embargo, igual decidimos, no queda otra. Ahí aparece una idea que resulta cada vez más interesante: las narrativas de convicción . Dicho en palabras simples, las personas muchas veces no actúan porque tengan certeza o alta probabilidad, sino porque logran construir ...