Es un hecho que buena parte de las decisiones económicas relevantes se toman en escenarios donde hay información disponible, pero no certeza, y en muchos casos, ni siquiera una probabilidad mayoritaria dominante. Pasa cuando cambia un gobierno y aún no sabemos si su programa económico va a sostenerse. Pasa también cuando el mercado sube con fuerza y no queda claro si estamos ante una recuperación real o ante otro entusiasmo exagerado. Y pasa, del mismo modo, cuando alguien debe apostar por un proyecto, cambiar de trabajo, invertir sus ahorros o simplemente esperar. En todos esos casos los datos importan, pero no alcanzan: el futuro nunca puede calcularse del todo. El componente de incertidumbre siempre existe. Y, sin embargo, igual decidimos, no queda otra. Ahí aparece una idea que resulta cada vez más interesante: las narrativas de convicción . Dicho en palabras simples, las personas muchas veces no actúan porque tengan certeza o alta probabilidad, sino porque logran construir ...
Durante décadas, la economía financiera intentó explicar los movimientos de los mercados a partir de variables visibles : tasas de interés, balances, flujos de capital, política monetaria. Sin embargo, una y otra vez, los precios se movieron antes. O se movieron sin razón aparente. O reaccionaron con una intensidad que ningún “fundamento” justificaba del todo. Ahí aparece una idea incómoda pero cada vez más evidente: los mercados también tienen un inconsciente . No un inconsciente en el sentido clínico o individual, sino uno colectivo, difuso, emergente . Un espacio donde se acumulan miedos, expectativas, relatos, negaciones y euforias que no siempre se expresan de manera racional, pero que terminan impactando en precios, spreads, volatilidad y decisiones de inversión . Los índices de sentimiento surgen precisamente como un intento de capturar aquello que durante mucho tiempo quedó fuera de los modelos tradicionales: el estado emocional agregado de los agentes económicos....